Edgar disecciona y desnuda el placer y el sentimiento de la comida : primero su pequeña historia (quién le reveló los secretos, en dónde conseguir la mejor materia prima, cómo recuperar la tradición perdida), luego el minucioso y ordenado proceso de elaboración (respetar cada ingrediente, conocerlo, amarlo, cuidar de que el maridaje empiece ya desde los primero acercamientos), entonces la magia (la sopa es como la cama de mamá o la cobija de la abuela, el chocolate fue el alimento de los dioses, el aguacate puede ser líquido, podemos comer platos típicamente ecuatorianos durante más de un año seguido sin repetir uno solo) y finalmente, cuando el bocado entra a la boca, casi tenemos que pedía perdón a los demás por tanta felicidad, por amar en publico.. .
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