Al parecer, el interés que nuestra cocina viene generando en el mundo ha logrado que muchos peruanos volvamos a admirarla en la grandeza que siempre ha tenido. Acostumbrados como estábamos a la diversidad y al mestizaje culinario, se diría que nuestra capacidad de asombro está empezando nuevamente a despertar. Es lógico, entonces, que Humberto Sato, un hijo de japoneses que durante toda su carrera no ha hecho más que cocinar honrada e inteligentemente, sea hoy un icono de nuestra culinaria. Y aunque se trata de un auténtico pionero en aquello que conocemos como cocina nikkei (el afortunado punto de la gastronomía nacional con la nipona), nuestro anfitrión diría, simplemente, que todos estos años no ha hecho nada más que complacer a sus clientes. He aquí una cualidad que destacaos quienes hemos conversado alguna vez con Sato : su sencillez .
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