En esta obra, Locke retoma los problemas filosóficos planteados por Descartes y desarrollados por sus seguidores, así como por otros pensadores, como Spinoza y Leibniz, pero los aborda desde un enfoque drásticamente distinto, en cuanto que erradica por completo los "razonamientos" escolásticos que minan la base de todos los sistemas filosóficos precedentes. Hay que reconocer que lo hace con más buena voluntad que rigor, ya que no parte del "marco cartesiano" y lo que obtiene es más psicología que teoría del conocimiento propiamente dicha.